Hojas secas.

Después de todo, solo el recuerdo queda y lo mejor que nos podemos llevar de esta vida son buenos recuerdos. Como ese abrazo que puedes aun  sentir después de tanto tiempo, aquel beso robado, como la primer mirada y la ultima (que no es especial hasta que te das cuenta que realmente fue la ultima), como el tiempo en el seminario queriendo ser bueno y como el tiempo que le siguió intentando no ser tan malo. “Me he acostumbrado tanto a la melancolía que la saludo como a una vieja amiga.”

 

 

Cuando no lo estabas buscando, ni esperando, sucede de nuevo: te enamoras. Vuelves a sentir la emoción de verla, y la extrañas apenas te has separado de su lado. Con la incertidumbre que es la vida, con las experiencias. Y como te advierte la bolsa de valores “los rendimientos históricos no garantizan que vayan a repetirse en el futuro” sucede con la vida… con el tiempo lo olvidamos. Así continuamos fabricando recuerdos, para andar melancólicos en poco tiempo o quizá en muchos años.

Así, verte de lejos

Así, verte de lejos, definitivamente.
Tú vas con otro hombre, y yo con otra mujer.
Y así como el agua que brota de una fuente
Aquellos bellos días ya no pueden volver.
Así, verte de lejos y pasar sonriente,
Como quien ya no siente lo que sentía ayer,
Y lograr que mi rostro se quede indiferente
Y que el gesto de hastío parezca de placer.

Así, verte de lejos, y no decirte nada
Ni con una sonrisa, ni con una mirada,
Y que nunca sospeches cuánto te quiero así.

Porque aunque nadie sabe lo que a nadie le digo,
La noche entera es corta para soñar contigo
Y todo el día es poco para pensar en ti.

José Ángel Buesa