Una Pequeña Meditación

Hermanos, yo sé muy bien que todavía no he alcanzado la meta; pero he decidido no fijarme en lo que ya he recorrido, sino que ahora me concentro en lo que me falta por recorrer. Así que sigo adelante, hacia la meta, para llevarme el premio que Dios nos llama a recibir por medio de Jesucristo.
Fil. 3.13 y 14 BLS

Como cristianos tenemos una meta. No fuimos creados para deambular por el mundo. Fuimos hechos hijos de Dios gracias al sacrificio de Cristo en la cruz del Clavario. Ahora formamos parte de la familia de Dios y por consiguiente debemos vivir de una manera digna. Si asi es, estoy hablando de la vida cristiana. La vida cristiana es como una carrera. Los atletas compiten y tienen un fin: llegar a la meta. En nuestro caso cristiano evangélico tenemos una meta.

Podemos decir sin miedo a equivocarnos de que la meta de la vida cristiana es:

Conocer a Dios.
Amar a Dios.
Vivir para Dios.

Sabes no creo que yo mismo este viviendo la vida cristiana como debiera. Lo intento, estoy en ese proceso, me esfuerzo por ser cada día mas como Jesús. Precisamente en este intento es cuando dejo que Dios moldee mi vida, sencillamente le dejo a Él obrar en mi vida. Sin embargo debo decir que no todos vivimos la vida cristiana como debería. Una vida 24/7, no solo una vida de Iglesia. Muchas veces vivimos en una dicotomía, es decir una doble vida, el vivir asi nos mueve a ser inconstantes y somos inconstantes porque nuestro corazón está dividido. Pues deberíamos amar la Presencia Manifiesta de Dios en nuestras vidas. Pero tristemente en la mayoría de los casos amamos más al mundo y relegamos a Dios de nuestras vidas. Cuando nuestras vidas se tratan de Él, secillamente se trata de Él y solamente de Él.

Nuestra responsabilidad como creyentes es simple: Conocer mas a Dios, comunicar su amor y compartir con otros creyentes. El apostól Pablo nos da las claves para llegar a la meta. Estas claves se encuentran en Fil.3.12

Con esto no quiero decir que yo haya logrado ya hacer todo lo que les he dicho, ni tampoco que ya sea yo perfecto. Pero sí puedo decir que sigo adelante, luchando por alcanzar esa meta, pues para eso me salvó Jesucristo.

La estrategía es simple:

No pensar que ya hemos llegado a la meta.
Olvidar el pasado.
Alcanzar lo que está por delante.
Por lo que te animo a que junto conmigo hagas uso de esta estartegía para correr dignamente la carrera (vida cristiana) y llegar victoriosos a la meta.

Tu Amigo
Juan Marcos Lecuona

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