El hermano de Asís

Fragmento textual de la biografía novelada de Francisco de Asís. Un libro que recomiendo mucho. Así como el de Confesiones, de Agustin de Hipona quien tambien vivió una relación con Dios. ( Titulo: El hermano de Asís, vida profunda de San Francisco. Autor: Ignacio Larrañaga. Editorial: San Pablo. Pag. 147-150, ISBN: 968-7581-105-6) Sin mayores comentarios, formen su opinión.

– No estoy de acuerdo – continuo – con algunas quejas. Mal pueden quejarse, por ejemplo, de que muchos caballeros te sigan a ti. No es a ti, es a Cristo a quien siguen. Tampoco tienen razón en decir que dilapidan sus riquezas, porque, en realidad, renuncian a sus bienes para seguir el consejo de la pobreza evangélica. Sin embargo, encuentro razón a algunas quejas. Se quejan de que vuestra mendicidad les resulta un gravamen demasiado pesado. Muchos de ellos son pobres: escasamente tienen para vivir. Permíteme pues, sugerirte algunos consejos, hijo mío. Tienes que revisar el estilo de vida de tu grupo. Considero de elemental prudencia asegurar los medios de subsistencia. Es dura esa vida, demasiado dura. Francisco, hijo mío, un individuo como tu, y unos pocos mas, son capaces de sostener sin quebrarse la vida heroica. Pero la masa esta lejos de las altas cumbres. Una agrupación humana se mueve siempre por debajo del paralelo normal. Ante todo, sensatez, hijo mió; los pies en el suelo.

Yo mismo – acabo diciendo el obispo – te puedo ayudar a conseguir unas pequeñas propiedades, un olivar, una viña, una modesta huerta. Trabajad en esas propiedades como Dios manda y vivid honrada y pobremente del sudor de vuestra frente. Sustentarse del trabajo de cada día es el ideal de vida cristiana y también monacal.

El obispo calló. El hermano permaneció en silencio. Una vez más se hallaba en el remolino central de un drama, el drama de todo profeta. No había nacido para conflictos ni para combates. Era un hombre de paz por naturaleza y por gracia. Hubiese vivido feliz como un perpetuo anacoreta en las gargantas agrestes del Subasio. La mano del Señor, sin embargo, lo fue llevando de combate en combate, y ahora acababa de colocarlo en el cruce mismo de dos corrientes encontradas: entre la sumisión y la resistencia.

¿A quien obedecer? ¿No era el Señor mismo quien le había revelado esta forma de vida mediante la palabra evangélica? Pero, ¿no era la Iglesia la depositaria de la voluntad de Dios? ¿A quién obedecer? ¿Podrían contradecirse la palabra evangélica y la voz de la Iglesia? He aquí la tentación enseñando la nariz: Evangelio frente a (contra) la Iglesia. Un intelectual se hubiera visto perdido, atrapado entre mil interrogantes y disquisiciones. ¿Un obispo es la Iglesia? ¿El Papa o el Concilio son la Iglesia?

El Hermano no se enredó en sutiles lubricaciones ni cayó en la tentación de contraponer el Evangelio a la Iglesia. Con humildad y reverencia, en voz baja, mirando con confianza y naturalidad al rostro de Guido, habló de esta manera:

“Mi señor y padre, Cuando tengamos un olivar, necesitaremos y construiremos un lagar. Cuando tengamos el lagar, necesitaremos carretas y bueyes para llevar el aceite a venderlo. Cuando vendamos el aceite, tendremos una pequeña ganancia. Con la ganancia compraremos nuevas hectáreas de tierra. Con las hectáreas alquilaremos jornaleros, aumentando así nuestras propiedades. Las muchas propiedades necesitaran, con el tiempo, murallas defensivas. Las murallas exigirán, mas tarde, soldados para vigilarlas y protegerlas. Los soldados necesitaran armas. Y las armas nos llevaran inevitablemente a las guerras, he ahí el resumen de una historia” Termino diciendo Francisco.

Era la cadena infernal. Guido escuchó con espíritu receptivo, y mientras escuchaba se le iban escurriendo de las manos argumentos y palabras. Era una respuesta implacable. Francisco, el hombre de la paz, tocaba aquí la herida viva y sangrante de la sociedad humana; toda propiedad es potencialmente violencia.

Nunca el Hermano fue un típico pensador, menos todavía un intelectual. Pero la sabiduría del Evangelio, unida a su intuición natural, hicieron que diera en el clavo en los problemas fundamentales de su vida. Donde hay propiedades se establece una correlación entre propiedad y propietario, digamos, una apropiación. Cuando la propiedad se siente amenazada, ella invoca y reclama al propietario. Este se turba y se arma para la defensa de la propiedad amenazada.

De la defensiva se salta fácilmente ala ofensiva. Nacen las ambiciones, que son sueños de mayores conquistas, que exigen armas más eficaces. Sólo con las armas (sean emocionales, o verbales, o jurídicas, o de acero) se defienden las propiedades que se tienen y se conquistan las que no se tienen, y así propiedad y guerra acaban por ser una misma sustancia.

Pero como todo eso tiene su rostro grotesco, viene la necesidad de racionalizar, de encubrir fondos podridos con vistosos ropajes; y así se tejen estándares sagrados de combate como son patria, ideologías, intereses superiores, e inclusive, los llamados intereses de la Iglesia. Así, las palabras pierden su sentido natural; se tergiversa y se miente con palabras policromadas hasta que la sociedad (desde la mas pequeña hasta la mas grande) llega a ser un conjunto monstruoso de intereses camuflados, segundas intenciones, palabras ambiguas, diplomacias hueras. Una enorme adulteración. Solo la pobreza total lleva a la paz, a la transparencia y a la fraternidad.

El hermano de Asís, una obra interesante. Una vida plena. ¿Quién es la iglesia?

¿A quien obedecer? ¿No era el Señor mismo quien le había revelado esta forma de vida mediante la palabra evangélica? Pero, ¿no era la Iglesia la depositaria de la voluntad de Dios? ¿A quién obedecer? ¿Podrían contradecirse la palabra evangélica y la voz de la Iglesia? … ¿Un obispo es la Iglesia? ¿El Papa o el Concilio son la Iglesia?

¿Quién es la iglesia?

2 comentarios sobre “El hermano de Asís

  1. hola!! soy de argentina! y bueno he leido el libro de mi queridisimo amigo San francisco! Totalmente recomendable! y que buen fragmento elegiste!
    Econtrarse entre dos caminos el de la sumision o el de la resistencia! varias veces me encontre así y siempre la sumision, pienso, es mas meritoria (el elegido por Jesús).
    Pero…que admirable larespuesta de Francisco, tan sumisa y a la vez con autoridad, autoridad de los hijos de Dios.

    claro q los obispos son la iglesia, pero no solo ellos. Todos somos Iglesia. Ahora bien, el Papa tiene el don de la infabilidad. Y nosotros debemos tener cuidado con las revelaciones privadas.

    BUENO SOLO COMENTARIO!

    BENDICIONES EN AQUEL QUE NOS DIO LA VIDA Y QUE LA VIRGEN DE GUADALUPE TE ABRACE CON SU TERNURA!

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