Donde antes había monte

Hace tiempo que estoy trabajando en mi página para recibir personas en el consultorio. Tenía ganas de algo diferente… a veces me complico las cosas. Quería que pareciera un videojuego, lo cual quizá no sea muy adecuado para el propósito.

Originalmente tenía pensado que fuera en pixel art, al estilo de Zelda (A Link to the Past). La idea era que estuviera automatizada la gestión de la primera sesión (la parte del cobro y la parte de la calendarización), que fuera un portal hacia este blog (exclusivamente a las entradas donde hablo de asuntos de psicología) y que tuviera dentro del espacio (porque vendría a ser el lobby del consultorio) la recepción, libros y algo con qué entretenerte (como minijuegos). Esa última parte la quité de mi lista, y a continuación podrán imaginar el porqué.

El monte.

Para que el monte dejara de ser monte se necesitaron varios flujos de automatización en n8n, buscando que todo lo que se pudiera resolver sin pasar por el agente (el chat) se resolviera así, para economizar tokens. Se tuvo que interactuar con APIs de varias plataformas (Stripe, Google, Redis, IAs), negociar con OAuth2 y sus pantallas de consentimiento, tocar archivos JSON, PHP, SVG, HTML, archivos sin extensión, archivos ocultos… detalles de JavaScript, dibujar sprites en Piskel, crear bases de datos (MariaDB) y administrarlas desde phpMyAdmin, configurar servidores de correo saliente, crear webhooks y peticiones HTTP, tareas programadas que se disparan solas cada quince minutos porque nadie más lo va a hacer, visualizar vertientes y posibilidades, se mandaron metadatos, se recibieron metadatos, SSL comprobado mediante DNS, configuración de dominios. No sé si algo se me esté escapando.

Ah, sí: zonas horarias. Descubrí que mi servidor vivía convencido de estar en São Paulo, mis calendarios en el centro de México, y yo en algún punto intermedio tratando de que los tres se pusieran de acuerdo sobre qué hora era. Y luego las decisiones que no fueron técnicas aunque lo parecieran: un aviso de privacidad y unos términos de uso que me obligaron a leer con calma la ley de protección de datos y la norma oficial sobre expedientes clínicos, cosa que uno debería hacer de todos modos y que casi nadie hace hasta que le toca escribirlo; y pedirle al calendario de Google únicamente los bloques ocupados y no los eventos completos, para que los nombres de las personas que atiendo jamás salieran de mi cuenta hacia ningún otro sistema. Si algo se rompía —y se rompió varias veces—, prefería que se rompiera de mi lado.

Después venían las pruebas de funcionalidad, y los detalles de «me parece que aquí le hace falta algo»… Luego el pensar: ¿y si hago que el robot mande mensajes de vez en cuando? ¿No se verá muy mecánico? Sí, claro que lo es, pero también lo era el mecanismo de Anticitera. Ah, ya sé… que tengan una distribución normal… no, espera, las frases no tienen orden ni media… pero la idea de que algunas no se muestren tan seguido (en los extremos de Gauss) no es tan mala… ah, ya sé… una distribución categórica con pesos… sí, me parece bien… ahora sí, entre los mensajes que diga el robot (como vendedor en el mercado) podrá decir formalmente «¿Te digo cómo funciona esto?» y de repente «¡Tamales calientitos!» y por qué no… si se queda suficiente tiempo en la página podría recibir la pregunta «¿Quién está atrás de ti?» (claro, sería genial encender el foquito de la cámara al hacer esa pregunta… pero no me dio permiso ni mi conciencia ni mis capacidades).

Pero finalmente, donde antes había monte, ahora está esto:

La recepción.
La recepción desde el celular.

Y cuando me preguntan «¿qué tiene que ver todo esto con lo que estudié?», respondo: absolutamente todo, no podría haber hecho nada de esto sin haber estudiado… todo esto. Sé que se refieren a «con lo que estudié formalmente», pero me divierte más dar esa respuesta.

Realmente disfruto mucho haciendo estos proyectos. He descubierto que se aprende más rápido y más fácil cuando se tiene un objetivo en mente y se busca el cómo conseguirlo, que cuando «formalmente» tienes que aprender algo sin saber siquiera para qué podrías usarlo.

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