Raspberry

J. fiel a la costumbre; leyendo, chateando o escribiendo. Arreglando el mundo, desde su habitación, cerca de Machado con Barragán (hablo del lugar de los autores) disfrutando (si es que se puede) el calor de Monterrey. Después de un día mas en la facultad. Estaría medio vestido, o medio desnudo, el calor en esos momentos lo exigía, aun cuando ya hubiere anochecido. Era viernes o quizá sábado.

F. Tenia (tiene) ojos verdes y grandes, pecas discretas y espigada, no alta no baja. Cabello largo, quebrado y castaño claro natural, medusa parecía. Un acento chilango y un tono de niña mimada, que de no conocerla, te hacían creer lo era.

Era foránea, igual que J. , ella de la eterna primavera, el de otro lugar al sur. Desde la conferencia de bienvenida había percatado su existencia, basto una mirada cruzada que se sostuvo durante un instante, de esos donde el tiempo se detiene. De eso ya había pasado meses y será tema para otra entrada, en ese tiempo ya se conocían.

Regresemos a la habitación de J. a su escritorio, adornado apenas con una PowerPC  y un tarro de cerveza. Cuando de pronto sucede; una linea de texto, un mensaje, en una de las ventanas, de los que no pueden ser ignorados (sonido de notificación del mensajero en curso) de entre todos los mensajes absurdos de la conversación, uno que de pronto le quito el letargo.

F. – Tengo ganas de tomar

J. – ¿Y eso?

F.- Solo tengo ganas de

J. – Tengo vodka, ¿quieres?

F. – ¿No es un poco tarde?

J. – ¿Ya no tienes ganas?

F. – Si

(J. tomo la botella a un compañero del departamento, se preparo apenas decente para salir y pensando en reponerla por la mañana, o al día siguiente, o cuando pudiera.)

J.- Voy en camino.

El raspberry solo la excusa…

De lo que dialogado hasta el amanecer, no se recuerda nada, ¿De que se platica después de las dos de la mañana?. F. recostada en el love seat, J. en un extremo como almohada…

 

La ridícula idea de no volver a verte

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Cuando empezáis a leer piensas se tratará de algo, entonces te das cuenta es algo aún mejor. No haré spoilers, por ahora, solo diré que tienes que leerlo.

 

 

 

No continúes leyendo, hazlo solo si deseas arruinar la sorpresa.

 

 

 

 

 

 

En serio, última advertencia. ⚠

 

 

 

 

 

 

Intentaré no hacer tantos spoilers.

El libro te invita por el simple título, empecé a leer creyendo sería algo más cursi/romántico. Yo paso por etapas donde, aire de valor al aceptarlo, soy mas sensible a esos temas.

Bien lo dice el dicho que decía mi abuela, algo sobre decir y beber agua.

Sin embargo trata el tema de la muerte, la ridícula idea de no volver a ver a alguien pero no por un desamor y el posterior déficit emocional, sino por un indeseado evento. La muerte.

Rosa Montero teniendo acceso a la cartas que un personaje importante (una científica) le escribe a su esposo (otro científico) durante su periodo de luto.  Es decir de forma póstuma.

Realiza una excelente investigación, intercala la historia con fragmentos de su propia historia (la muerte reciente de su esposo) te muestra el contexto histórico, de ambas tramas.

Se podría decir que es una biografía enfocada en lo que otros biógrafos no consideraron importante.

Te atrapa en el momento en que puedes ver lo ridículo de querer leer un libro por que te atrajo (me atrajo) ese título, por amor/desamor/romanticismo. O solo por la portada.

Son triviales la mayoría de los problemas que tenemos. Aunque nos parezcan tan infranqueables.

Bueno, aun te falta descubrir de que científicos hablo, como ocurrió el evento, como fue posible se conocieran,  como cambio su vida a la humanidad. Y como sobrevivió a eso (si puede ser llamado de ese modo). Contemporánea, conocida y respetada por Einstein (lo cual no es cualquier cosa).

Tienes que leerlo.

Lo digo y no me corro…

A veces

Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
«Lo digo y no me corro».
Pero él disimulaba.

amediavoz.com

De ese tipo de versos, por los que me han excomulgado.

Errores de cálculo en la mirada

El error es mirar lo de ayer con ojos de hoy,
querer que las cosas vuelvan a ser igual
cuando tú ya no eres el mismo,
como si se pudieran reciclar los suspiros
o dar un mismo beso por segunda vez.

Los mudos no gritan, los sordos no ven la música,
con las cinco letras que se escribe tarde
no puedes escribir ahora,
el amor que se fue,
esa ya
nunca vuelve.


Si alguien sabe de donde es, por favor, díganmelo en un comentario.

Me gustaría.

Me gustaría tenerte desnuda ahora
y poder hablar de tu cuerpo,
de la distancia exacta que hay entre tus senos,
me gustaría poder contar desde tus piernas,
ese par de tijeras
con las que has podado mis pudores,
con las que abrazaste mi inocencia,
hablar desde tus manos y de las caricias que estas encierran,
de tus ojos y de la paz con la que nado en ellos,
de tus caderas firmes y de tu vientre plano y de tu sexo,
ese eterno manantial de mis pecados,
de tus pies que marcan mis pisadas,
de tus uñas y como dibujan con la sangre de mi espalda,
de tu lengua como ágil oponente de mis dientes
y de toda tu cuando estas desnuda.

Me gustaría tenerte desnuda ahora,
aquí
para no contarles nada.