Colores

Llevo toda la tarde/noche/madrugada ideando que escribir (tras la portada, o en algún lugar del mismo) para un par de libros que he de regalar a mi persona favorita. Uno de ellos me lo ha pedido (al menos el genero), otro de mi propia cosecha y el tercero es un clásico (66 textos en realidad) que todos debemos tener siempre a la mano.

El problema de los libros comienza cuando pienso en la forma para entregar ¿así tal cual o les preparó en algo más? Colocaré un par de separadores y haré otro… ¿en qué lugar deben ir? Podría dejarles en una parte del libro que me guste o una parte que le quiera dedicar… ¿Lo notaría o que sean regalos por separado? ¿debo decirle por cuál motivo esta el separador ahí?

En definitiva tenia razón Antoine de Saint-Exupéry, en el capitulo XXI de su publicación más conocida, hay al menos tres declaraciones profundas: (1) afirma que lo valioso de la Rosa proviene del tiempo invertido en ella, (2) se es responsable de lo domesticado y (3) lo esencial no puede verse con la ojos. Y no sé si en esta historia soy el principito, el zorro o la rosa. Un triangulo curioso, espero recordar después, que se merece su propia entrada al blog.

Hay una cuarta enseñanza: (4) en el habito se facilita la domesticación: «Lo mejor es venir siempre a la misma hora-dijo el zorro- Si sé que vienes a las cuatro de la tarde, comenzaré a estar feliz desde las tres.» (Espero no ser el zorro).

Bueno, regresando al tema. El siguiente reto, si dejo de prestar tanto en la forma (estética) del como se los entregare y me concentro en el contenido. ¿Debo de cuidar lo que le escriba? Imagino que el texto deberá poder pasar la prueba de alguna auditoría tóxica, para que no tenga nunca que arrancarle esa pagina (cuando la vida nos separé, es decir mi primer para siempre real es ese tatuaje) y solo mi persona favorita sea consciente de lo que significa o del origen del libro, para que así pueda conservarlo. Podría dejar que él yo del mañana (literalmente mañana) lo solucione.

Y regresando al tema, antes del tema previo, el original, la razón de tener las fotos en la publicación son mis colores nuevos, que por cierto me acompaño a colorearme, y ayer domingo llegue con buenas nuevas (el chisme de la mañana) a la casa, y fue muy grato haber sido recibido aceptación. Bueno, supongo que mañana avanzare en eso de los libros.

Lovers go home

Ahora que empecé el día
volviendo a tu mirada
y me encontraste bien
y te encontré más linda
ahora que por fin
está bastante claro
dónde estás y dónde
estoy
sé por primera vez
que tendré fuerzas
para construir contigo
una amistad tan piola
que del vecino
territorio del amor
ese desesperado
empezarán a mirarnos
con envidia
y acabarán organizando
excursiones
para venir a preguntarnos
cómo hicimos.

Mario Benedetti


No estoy completamente seguro, me parece he experimento una primer excursión del vecino territorio del amor, no fue organizada, fue espontánea. Esta serie de atenciones y sentimientos que le tengo, puede que ya no se encuentren en donde pensaba estaban.

Aquello en donde ponemos nuestra atención termina por crecer, y nunca he sabido ocultar lo que siento. Dice Horacio Oliveira, personaje de Rayuela, que no se puede elegir en el amor, pues es un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio.

Esto es mas como la construcción de una catedral, una obra sagrada, sin prisa y con tiempo, cuidando los detalles. Teniendo como objetivo la edificación, no que caiga el rayo. Sin embargo, si debe hacerlo, sea bienvenido… tampoco voy a colocar un pararrayos.

Canción para …

Tal vez guardes mi libro en alguna gaveta,
sin que nadie descubra cuál relata su historia,
pues será simplemente, los versos de un poeta,
tras de arrancar la página de la dedicatoria…

Y pasarán los años… Pero acaso algún día,
o acaso alguna noche que estés sola en tu lecho,
abrirás la gaveta – como una rebeldía,
y leerás mi libro- tal vez como un despecho.

Y brotará un perfume de una ilusión suprema
sobre tu desencanto de esposa abandonada.
Y entonces con orgullo, marcarás la página…
y guardarás mi libro debajo de la almohada.

José Ángel Buesa