Isaías 26:3

Hace tiempo, no mucho, me herí mientras cortaba el producto del negocio. En el momento no sabía que tan grande había sido, fue muy escandaloso mi dedo con toda la sangre que salía. Atendí y limpie la herida, un poco de dolor, me coloque otro guante y continue con lo que estaba haciendo.

Días después tome esa foto, pensaba que se quedaría esa marca en forma de 7. Pero no fue así, en algún momento, al pasar del tiempo deje de ponerle atención a eso y me enfoque en lo que debía hacer. Hoy descubrí que ya no queda nada donde estuvo la herida. El cuerpo trabaja solo, si lo dejamos hacerlo. Tiene un diseño impresionante, digno del Ingeniero que lo diseño.

Lo mismo ocurre con las heridas del corazón, sin importar si te las hicieron o si te las hiciste, si tropezaste en el pecado o si te dejaste caer, la solución es exactamente la misma. Dejar de enfocarte en lo que hiciste o te hicieron, alejar ese grupo de pensamientos tóxicos y enfocándote en lo importante.

Ocurrirá que la herida cerrara, pasaras por un proceso y la cicatriz dejara de estar en tus pensamientos cotidianos. Habrás olvidado y perdonado. Verás, en retrospectiva, muchas cosas que en este momento no puedes ver. Mientras tanto, en lo que ese momento llega, ¡enfócate! Y persevera.

“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.”

Isaías 26:3 RVR1960

Música

En la universidad, entre otras cosas, jugaba americano en el equipo de la facultad. Los entrenamientos eran intensos, después de sufrir y sudar uno se ganaba la comida en el comedor universitario (un vale de comida). Como estudiante foráneo es genial, comíamos como perros callejeros (mucho y muy rápido) como si no hubiera un mañana.

Yo vivía en una casa grande, la rentábamos once, nos habíamos puesto de acuerdo para eso. Eramos parte de un grupo universitario llamado Vida Estudiantil, el objetivo era promover valores en la universidad, y fuera de la universidad nos juntábamos a estudiar la Biblia. Teníamos las reuniones en la casa que habíamos rentado con ese propósito.

Bueno, ¿que tiene que ver el americano con Vida Estudiantil? absolutamente nada, solo es el contexto. Un día se junto la salida de mi entrenamiento con un evento de oración en la casa, es decir, yo llegaría a medio evento. Y por si fuera poco llegar tarde, también se junto con que algo no me hizo bien, quizá del desayuno o quizá la comida.

Algo andaba mal dentro de mi, y no me refiero emocionalmente, cuando iba en el camión de regreso (La Ruta 1 en Monterrey), me dieron unos retortijones horribles y lo digo así porque, bueno, somos humanos y al que no le ha pasado significa tiene mala memoria (o no es humano).

Yo iba poderoso, usare ese eufemismo porque la otra palabra se escucha mal. Estaba aprovechando el camión tenía la música a todo volumen, aún recuerdo era la canción de Vicente Fernandez de “estos celos”. En las ultimas cuadras, en la recta final, me dije a mi mismo; aprovecha, saca todo lo que tengas, total no se va a escuchar. Y saque, a diestra y siniestra (pues hay que inclinarse para un lado y el otro) todo lo que tenia guardando.

Las personas que iban dos lugares adelante se movieron más adelante, yo supuse que estaban por bajarse también. Me levante y pedí la parada, el chofer detuvo en ese mismo instante el camión, en lugar de llegar hasta la parada. Afortunadamente quedo justo en mi casa, a donde tenia que llegar. Y me baje contento porque las cosas me estaban saliendo bien.

Apenas di unos pasos dentro de la casa, me di cuenta que la música continuaba sonando… Pues resulta que traía audífonos y no me había dado cuenta. Me dio un ataque de risa, y mi entrada discreta al lugar, no pude ser realizada.

El camión no traía más música que la que iba haciendo yo, con el instrumento de viento. Cada que tomaba el camión rogaba al cielo para que no me reconocieran. Tal vez el amor de mi vida iba en el camión y yo le ahuyenté.

Puerto Morelos

Tiene pocos años de ser clasificada como ciudad. La zona del puerto, que es la que está pegada al mar pasando los manglares, son cuatro o cinco calles que crecen paralelas a la costa (posiblemente ahora sean mas) con apenas son dos cuadras de profundidad.

Su parque principal en el centro de esas cuadras es lo primero que se ve al cruzar el manglar. Tenia un hermoso quiosco como figura principal, y una cancha de básquet que también fungía como escenario (pues tenia unas gradas). Ya fue modificado (demolido), para poner una cosa moderna que no me gusta en absoluto… además rompe con el entorno y el ambiente en Puerto Morelos.

Después de la cancha, cruzando la calle, hay otra explanada que da con el mar. En puerto, hay tres muelles. De izquierda a derecha, el primero es el más antiguo. Este, donde inicia, tiene un faro que un huracán (me parece) dejó inclinado como la torre de Pisa. Se ha convertido en algo icónico del pueblo. Afortunadamente para las embarcaciones ya hay otro, mas reciente, que sustituye en funcionalidad al antiguo.

Cuando uno va al anochecer puede encontrarse con lugareños pescando, desde el muelle. A mi me gusta ir hasta a la parte más alejada de la orilla, y sobre el muelle contemplar la noche, las luces a lo lejos, el cielo y el sonido del mar. Es muy agradable hacerlo acompañado, pero también es grato hacerlo solo.

El segundo muelle, es usado para asir embarcaciones, barcos pequeños que quizá en algún momento fueron yates lujosos. Así es Puerto Morelos, un lugar modesto y tranquilo. Este muelle apenas tiene espacio para unos seis u ocho embarcaciones, aunque nunca me ha tocado ver tantas. Este muelle esta frente a uno de mis restaurantes favoritos, llamado Pelicanos (este restaurante es diurno, solo podrás desayunar o comer, así que deberas levantarte temprano). Entre este muelle y el antes mencionado hay apenas una cuadra, y en la costa hay lanchas.

En Puerto Morelos, empieza la Ruta de los Cenotes. Eso, si uno se aleja de la costa y se adentra rumbo a Leona Vicario pero si uno se adentra en el mar, podrá encontrar el inicio de uno de los arrecifes mas largos del mundo, empezando en Puerto Morelos y terminando en algún lugar mas al sur de la rivera Maya.

A ese lugar (al arrecife) me gustaba ir después del trabajo, bajo mi ropa Godin traía el traje de baño. Estacionaba el carro junto al parque y era bajar, abrir cajuela, quitar ropa, tomar aletas y visor. Caminar al mar y meterme. De la orilla a los turistas les cobran por llevarlos, en lanchas, a nadar en ese lugar. Pero no está tan lejos como parece. El agua es tranquila porque las olas pierden su fuerza al romper en ese arrecife.

Si lo tuyo no es nadar, en este lugar se acostumbra mucho la bicicleta (un asunto ecológico) y por lo que puedes ir a ver el amanecer al muelle. Puerto Morelos es uno de mis lugares favoritos, espero puedas visitarlo un día.